
¿Y eso qué significa exactamente? ¿Cómo se supone que actúa una mujer? Llevo casi tres décadas oyendo esa frase, y si fuera por eso, ya debería haberlo aprendido… pero aún no lo tengo claro.
De niña la escuchaba más seguido. Mi mamá, con todo su amor y buenas intenciones, trataba de educarnos como “señoritas”. Pero nosotras, mis hermanas y yo, éramos otra cosa: jugábamos en el barro, con botes hechos de botellas, pateábamos bola bajo la lluvia, trepábamos árboles, buscábamos aventuras en los potreros y ríos, y nos entreteníamos con bolinchas, trompos y yoyos. Siempre rodeadas de varones, porque a las niñas del barrio no las dejaban juntarse con “marimachas”.
Usaba zapatos “burros” y más de una vez los usé para defenderme de compañeros necios. Las maestras escribían en mis notas: “excelente alumna, pero pelea mucho con sus compañeros”. Y no, no está mal ser femenina ni que te guste el rosa o las muñecas. Lo que sí está mal es decirle a una niña que “así no se comportan las señoritas”.

Crecí, y la frase cambió de forma: “Si sigue así, nunca va a conseguir esposo”. Interioricé ese miedo. Callé opiniones, traté de encajar. Incluso intenté aprender a hacer tortillas porque alguien dijo que si no sabía, no podía casarme. (Spoiler: no aprendí. Tampoco me casé. Nada se perdió).
Con el tiempo, me reencontré conmigo. Volví a opinar sin pedir permiso, a alzar la voz. Descubrí que las mujeres no cabemos en una sola forma de ser. Somos muchas, distintas. Y eso es lo que nos hace poderosas.
Claro, no a todos les gustó. Escuché de todo: que digo “mae” y eso no es de señoritas, que soy vulgar, que por apoyar la diversidad sexual debo ser lesbiana (como si eso fuera insulto), que mi decisión de no tener hijos espanta hombres, que ya se me fue el tren. Me llamaron feminazi por denunciar el acoso callejero. A veces siento que el simple hecho de existir libremente ofende.
Y entonces, vuelvo a preguntarme: ¿qué significa “comportarse como una mujer”?
La mayoría de las respuestas son puro estereotipo. La verdad es que no hay una sola forma de ser mujer. Está bien ser cursi o no serlo, querer casarse o no, tener hijos o no. Lo que sí es absurdo es imponerle a alguien cómo debe vivir su vida.
Las mujeres venimos de lucha. Y no hace falta mirar lejos para ver ejemplos de valentía: basta con ver a nuestras madres, abuelas, hermanas, amigas. Todas ellas, todos los días, nos muestran que ser mujer no es un molde, sino una fuerza.
Mae, que nadie le diga cómo debería ser. Guíese por su instinto. No olvide de dónde viene, quién sos y hasta dónde podés llegar. Y enseñemos a nuestras niñas que no tienen que comportarse “como señoritas” para ser respetadas: ya son suficientes tal como son.
La opinión de los demás no nos define. Punto.
“Una mujer con voz es por definición una mujer fuerte. Pero la búsqueda para encontrar esa voz puede ser muy difícil” -Melinda Gates
Un abrazo, bye!
Tashi.

Deja un comentario