(Sí, el título era para captar su atención. Ya que está aquí, siga leyendo.)
El feminismo ha generado mucho ruido en los últimos años, y aún hay quienes no entienden —o no quieren entender— qué significa: igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Punto.
El término “feminazi”, aunque popular, no existe realmente. Fue inventado en 1992 por Rush Limbaugh, un tipo que decía que había feministas “felices con los abortos en EE.UU.”. La comparación con el nazismo es absurda, ignorante y busca desacreditar al movimiento feminista. Así que si usted anda repitiendo esa palabra como lora, sepa que está quedando como un ignorante más.

Una experiencia que me hizo escribir sobre esto
Durante las fiestas de fin de año, como muchas familias, nos reunimos para compartir. Entre bromas y charlas surgió el tema de los roles de género. Yo, soltera y “la rebelde”, al parecer, fui la única que se incomodó cuando todas daban por hecho que la mujer debe atender la casa y al marido.
Les pregunté algo muy simple:
¿Quién atiende a las mujeres, a las mamás, a las esposas?
¿No es cierto que son las últimas en comer, que todo les toca a ellas? ¿Y nadie se preocupa por cómo están?
¿Saben qué recibí como respuesta? Risas. Porque claro, “la soltera hablando de relaciones” no tiene autoridad. Además, salió el clásico: “es que es una generación diferente”.
¿Perdón? Pero, ¿qué putas significa eso?
El problema de fondo
Hemos normalizado tanto los roles tradicionales que muchas mujeres se sienten culpables si un hombre se sirve solo, lava su plato o —ni Dios lo permita— lava su ropa. En serio, ¿creen que los hombres sienten culpa cuando las ven llegar del trabajo directo a cocinar, limpiar, cuidar hijos y servirles?
¡Ni picha! Si la comida no está lista, se enojan. Pero ayudar, no. Todas las mujeres que conozco o al menos la mayoría, trabajan, estudian, cuidan hijos y cargan solas con todo el peso del hogar solo por el hecho de ser mujeres.
Durante las celebraciones, ¿quién cocinó, recogió y lavó los platos? Las mujeres. ¿Qué hacían los hombres? Sentados, hablando y tomando birra o rompope. Si en su familia fue diferente, ¡bien por ustedes! Eso no es lo común. Si hubo parrillada, puede que los maes sí ayudaran, porque eso sí es cosa de hombres.
¿Y lo más triste? Muchas mujeres ni siquiera creen que eso esté mal. Lo ven como parte natural de ser mujer. En cambio, cuando un hombre cocina, se vuelve noticia familiar: “¡Qué bárbaro, Juan hizo arroz con pollo!”

No se trata de esclavizar al hombre
Esto no es una guerra de sexos. No estoy diciendo que ahora los hombres deban ser esclavos. Digo que como adultos racionales, las tareas del hogar y la crianza deben ser compartidas. El niño llora, y de inmediato se lo pasan a la mamá. ¿Por qué? ¿Acaso los hombres no tienen brazos, cariño, paciencia?
El feminismo no busca invertir los roles ni imponer supremacías. Busca equilibrio, que las mujeres tengan las mismas oportunidades, que puedan decidir sobre sus cuerpos, sus vidas y sus espacios. Que no tengan que cargar con todo mientras los hombres siguen viendo eso como “normal”.
Feminismo ≠ Hembrismo
El feminismo no es lo contrario del machismo. El opuesto al machismo sería el hembrismo, que sí implica desprecio hacia el hombre. Pero el feminismo no busca eso. Busca justicia.
Que algunos lo hayan corrompido con ideas radicales (como cobrarle más a los hombres en una cafetería o cambiar bolas por vaginas en un árbol de Navidad) no representa el corazón del movimiento. El feminismo real no odia a los hombres; odia un sistema que oprime, violenta y minimiza.
Feministas imperfectas, pero conscientes
Yo misma soy una feminista en construcción. Crecí en un hogar machista, religioso y violento. A veces me sorprendo repitiendo patrones que creía haber dejado atrás. Pero lucho cada día por cambiar, por mejorar. Porque esto no es de generaciones diferentes, el feminismo lleva más de dos siglos aquí, y seguimos necesitando aplicarlo.
El feminismo nació en el siglo XIX con mujeres luchando por votar, estudiar, trabajar y tener control sobre sus vidas. Hoy seguimos luchando porque, aunque ha habido avances, aún queda mucho por hacer.
¿Por qué molesta el feminismo?
A algunos maes el feminismo les incomoda porque les quita privilegios que daban por sentados. Se sienten atacados cuando su esposa les pide que laven un plato. Creen que una escoba les va a encoger el pene.
¡Mae, los huevos no se le van a caer por compartir las tareas! Y perdón, no es “ayudar”. Es su responsabilidad también.
No hay que vivir en Medio Oriente para que el feminismo tenga sentido. El machismo también vive en los detalles: en la mujer que no se postula a un ascenso porque “eso es cosa de hombres”, en los chistes de “mujeres al volante”, en los sueldos desiguales, en los “usted no entiende, m’hijita”.
Antes, una mujer no podía abrir una cuenta bancaria sin permiso del esposo. Hoy sí puede. Pero esa “libertad” viene con mil “peros”: miradas, prejuicios, acoso, discriminación laboral. Esos “peros” justifican el feminismo.
Una lucha que no ha terminado
La lucha por una sociedad más justa y equitativa sigue. A veces cansa. A veces parece que vamos en círculos. Pero nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para cuestionar lo que nos enseñaron, y para construir algo mejor.
Si llegaste hasta aquí, gracias por leer. Ojalá este texto no solo te haya hecho pensar, sino también sentir. Porque eso es lo que mueve el cambio.

Un abrazo, Tashi.

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