En una era donde tener muchas cosas es sinónimo de éxito —y también de dolores de cabeza—, el minimalismo llegó para quedarse. Aunque muchos lo asocian con esta época, surgió allá por los 60 en EE.UU., ligado a la arquitectura, y se convirtió en un estilo de vida. Hoy en día, muchas personas lo aplican a sus casas, sus agendas, y también, a sus emociones.
Minimalismo
El minimalismo es básicamente reducir a lo esencial, despojarnos de lo que sobra. Y sí, sé lo que está pensando: “¡A mí no me sobra nada!”. Pero, ¿no tiene un montón de chunches que no usa ni necesita, pero igual ahí están acumulando polvo? Como ese pantalón que dice que va a usar cuando baje dos kilos. Lo mismo pasa con las emociones: cargamos con un montón de mierda emocional que no usamos, no necesitamos, pero no sabemos cómo soltar.
“El minimalismo no se trata de lo que tienes, sino de por qué lo tienes.”
— Brian Gardner

Basura emocional
Muchas de nuestras emociones solo ocupan espacio y energía. Nos llenan de estrés, ansiedad, y nos quitan la paz. Pero no es culpa de nosotros: nadie nos enseñó a lidiar con las emociones. Nuestros padres tampoco sabían cómo hacerlo, porque a ellos tampoco les enseñaron.
Yo, por ejemplo, siempre he sido emocional. Lloraba por todo, incluso por cosas buenas. Y eso le frustraba a mi mamá. No porque fuera mala, sino porque no sabía cómo reaccionar. Con el tiempo aprendí a tragármelo todo, a bloquear mis emociones, porque ni yo sabía qué sentía.
Esto no es un reclamo a mi mamá, ella hizo lo mejor que pudo. Pero ese patrón me jodió por años.
Hace poco, entender mi “esquema” fue como un balde de agua fría. Descubrir que uno está hecho mierda emocionalmente no es nada bonito. Pero fue necesario. Empecé a derribar cosas, a reconstruirme, y aunque no ha sido fácil, ha valido la pena.
Relaciones Interpersonales
El mal manejo emocional afecta nuestras relaciones, sobre todo las sentimentales. Hay quienes creen que su pareja es responsable de su felicidad, de su tristeza, de su vida emocional entera. ¡Mae, qué jodido eso!
Nos enseñaron eso con el puto amor romántico, el de las almas gemelas, medias naranjas y toda esa paja. Como si la felicidad dependiera de encontrar a otro, cuando en realidad uno es el único responsable de sus emociones.
¿Sabía usted que existe algo que se llama comunicación?
Sí, hablar. Decir qué nos gusta, qué no. No podemos asumir que el otro tiene que adivinar cómo nos sentimos. Tampoco deberíamos andar culpando a otros por nuestras frustraciones. Sí, todos hemos topado con cada hijuep*ta que nos ha hecho daño, pero quien decide cuánto espacio darle a esa persona en su vida es usted.
Cuando empezamos a arreglarnos por dentro, nuestras relaciones también mejoran. Dejamos de ser ese idiota emocional que no sabe ni cómo tratar a los demás, y además, aprendemos a dejar ir lo que no nos hace bien.

¿Qué es soltar?
Nos viven diciendo que hay que soltar, pero ¿qué putas es soltar? Nadie lo explica. Uno intenta soltar y las emociones regresan como un boomerang y ¡pum!, nos parten la madre. Son como Hulk: gigantes y destructivas.
Soltar no es ignorar. Para dejar ir, primero hay que identificar. Saber qué sentimos, por qué lo sentimos y qué queremos hacer con eso. Si algo le incomoda: dígalo. Si una persona le hace daño: aléjese. Si su familia le causa ansiedad: ponga límites. ¡Dejemos de cargar a todo el mundo sobre nuestros hombros!
Esto es como aplicar el minimalismo a nuestra casa: empezar poco a poco, sacar lo que estorba, y dejar solo lo que aporta. Hacerlo es liberador.
Reconocer – Aceptar – Soltar
Nadie dijo que esto es fácil. Requiere valor. Porque soltar también implica aceptar que estamos mal, que hay heridas, traumas y apegos. Pero esa no es debilidad, es fortaleza.
Esta vida es demasiado corta para andar cargando con tanta mierda emocional.
Deshágase de lo que no sirve.
Respire.
Hágase cargo.
Y viva más ligero.
Un abrazo, gente.


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