
Tres meses después, un artículo que se suponía era para principios de año, pero en un abrir y cerrar de ojos el 2020 nos metió tres meses, una casi WWIII, una pichaseada por el IVA y una pandemia de un solo golpe. Enero estuvo lento, pero ahora quiero que marzo afloje el paso, porque siento los 32 demasiado cerca. So let’s relax y procedamos a leer este artículo.
Ya casi le ponemos fin al primer trimestre del año y me gustaría saber dónde está su lista de resoluciones para el 2020; si aún la tiene por ahí, ¡felicidades, usted no es como yo!
Todos los años hago una lista, y todos los años para estas fechas la lista ya no existe. Uno siempre inicia el año con un fuerzón creyéndose la habladita de: «año nuevo, vida nueva», ese cuento que al iniciar el año, éste nos traerá puras cosas buenas, pero ¿cómo un calendario, un nuevo ciclo, nos traerá cosas buenas así porque sí? Mae, no, creo que la vara aquí es ponerse las pilas y esforzarse en ir tras eso que de verdad queremos lograr.

«Año nuevo, vida nueva»
Es un dicho popular o un mantra, que según Wikipedia, básicamente significa que con todo inicio de ciclo se abren nuevas oportunidades, incluso nuevas vidas. Se utiliza principalmente cuando inicia un nuevo año (obviamente) y tenemos la cabeza cargada de «positivismo» porque este sí será nuestro año, porque ahora tenemos una nueva oportunidad para hacerlo mejor. Debido a este impulso de positivismo por el año que recién empieza, hacemos largas listas de propósitos y resoluciones que realmente esperamos cumplir.
Un poco de historia para dummies por una dummy
Supuestamente, hacemos resoluciones de año nuevo porque hace muchísimos años en Babilonia se celebraba el año nuevo con un festival de 11 días en marzo. La gente solía hacer promesas a los dioses con la esperanza de ganar su buen favor y recibir bendiciones en el año entrante.
En 1582, el papa Gregorio XIII marcó el 1 de enero como el inicio del año nuevo, de acuerdo con el calendario gregoriano vigente hasta la fecha. Sin embargo, la tradición de hacer promesas ha persistido, así como la mayoría de festividades instauradas por nuestros ancestros y la iglesia católica.
Entonces…
A ver, no está mal hacer resoluciones, propósitos, ponernos metas y establecer proyectos; al final, eso es lo que le da un toque de sentido a nuestra vida ¿no?, o al menos nos marca el rumbo que deberíamos seguir. El problema, desde mi perspectiva, es que muchas, por no decir todas, estas resoluciones, metas y proyectos se quedan en el papel. Lo sé, por mi experiencia; antes solía hacer muchísimos planes que quedaban en nada, pero ¿a qué se debía eso? ¿Falta de compromiso? ¿De constancia? ¿De motivación? ¿Cero interés? ¿Mala planificación? ¿Metas poco realistas? ¿No saber lo que yo quería? Etc., etc…
¿Cuál es su razón? ¿La mía?
¡TODAS LAS ANTERIORES! Si, en mayúscula, negrita, cursiva y subrayado.
Podríamos decir que estoy generalizando y que eso no le sucede a la mayoría de las personas; lamentablemente, las estadísticas demuestran lo contrario. Hay muchísimos estudios en internet, algunos más exactos y confiables que otros, pero todos arrojan luz sobre el mismo punto: solo un porcentaje muy bajo realmente cumple sus propósitos de año nuevo. Aparentemente solo una de cada diez personas cumple con sus resoluciones. ¿Triste, ¿no?
¿Dónde está la pega?
En que siempre es la misma mierda: Siempre año con año, es la misma mierda, perfumada con Dolce, pero que al final es la misma mierda con diferente olor. Hacemos miles de resoluciones, empezamos el año entusiasmados, realmente creemos que este año nuevo nos convertirá en nuevas personas, como si el año en sí, la maldita vuelta al sol, tuviera ese poder.
Nuestras redes sociales INUNDADAS, ¡inundadas mae!, de puro fucking y falso positivismo, porque detrás de todas esas listas hay muchísimas razones que no nos dejarán cumplir nuestros propósitos, y no lo digo yo, lo dicen los estudios, ¡ja!
La realidad está demasiado lejos de lo que sucede en redes sociales, está bien que usted desee empezar un nuevo ciclo de cero y cambiar cosas que deba cambiar, mejorar, pero mae, seamos realistas, hace falta más que compartir en redes sociales lo que usted quiere mejorar este año, hacen falta testículos y ovarios para tomar las decisiones que deben ser tomadas y hacer los ajustes necesarios, si no es así, usted simplemente es un borrego más de esos que siguen a la multitud.
Siendo así, ¿por qué seguimos haciendo resoluciones?, y más importante aún, ¿vale la pena entonces ponerse propósitos de año nuevo? Primero, como mencioné por borregos que siguen a la multitud y por ese impulso positivo cada inicio de año que según nosotros nos hará mejores personas, pero que no nos alcanza ni para llegar a febrero.
Let’s do it!
La respuesta a la segunda pregunta es un rotundo sí. Este nuevo ciclo que empezamos cada año nuevo es importante, porque nos da un espacio para evaluarnos, para ver qué hicimos mal, qué podemos mejorar, qué rumbo debería tomar nuestra vida, tomar lo que hicimos bien y reajustar la ruta para lograr lo que no logramos o incluso llegar más lejos.
Estos “capítulos nuevos” nos permiten ver hacia adelante. Lo mejor de los inicios es que nos dan siempre la oportunidad de volver a intentarlo, y no importa cuántas veces hemos fallado siempre podemos volver a iniciar. Pero si de verdad hacemos un esfuerzo.
Así que, mae, anímese, planee, establezca metas, proyectos, propósitos, sueñe en grande, pero póngase serio al respecto.
Como cumplir con nuestros propósitos y no morir en el intento (again, para dummies por una dummy)
Número 1: Seamos realistas. Establecer metas alcanzables aumenta las probabilidades de éxito sin caer en el conformismo. Muchas veces, pensamos que seremos diferentes al iniciar el nuevo año, estableciendo objetivos difíciles sin reconocer nuestros hábitos pasados. Es preferible avanzar gradualmente hacia metas más desafiantes que proponernos objetivos inalcanzables que solo generan frustración.
Número 2: Seamos consecuentes. Por ejemplo: Si desea bajar de peso, debe actuar de manera coherente, evitando hábitos poco saludables como almorzar hamburguesas con papas y helado. Es importante buscar asesoría de expertos y tener un plan claro para alcanzar sus objetivos; de lo contrario, se quedará en un sueño olvidado.
Número 3: Aprendamos a saber lo que queremos. A lo largo de la vida, hemos seguido órdenes y nos hemos dejado llevar por la multitud, olvidando lo que realmente deseamos. Es crucial detenerse y reflexionar sobre nuestros verdaderos deseos y sus motivaciones para tomar decisiones más claras y acertadas.
Número 4: Identificar qué nos impide lograr nuestras metas. Es fundamental reconocer las razones que nos detienen, ya sea pereza, falta de decisión o motivación, para poder solucionarlas. Al igual que un carro que no funciona, debemos identificar el problema para poder avanzar en la vida.
Número 5: Superemos el fracaso. El fracaso es parte de la vida; no debemos rendirnos, sino tomar un momento para reevaluar lo que salió mal y cómo mejorar.
Número 6: ¡Empiece ya!

Creo que en ocasiones ninguno de nosotros sabe qué putas estamos haciendo y, para variar, no existe fórmula mágica para lograr nuestras metas. Cada uno de nosotros encuentra sus propios obstáculos, pero con esfuerzo, constancia y una pizca de realidad, ahí vamos obteniendo pequeñas, pero valiosas victorias cada día.
Al final, la meta en común que todos tenemos es ser felices, y esos propósitos y resoluciones son solo un empujoncito para ayudarnos a lograr esa felicidad tan añorada. Así que, maes, mientras estén felices, trabajando duro por conseguir lo que quieren, pueden estar seguros(as) de que van por el camino correcto.

PD. Lávese las manos, siga los protocolos de estornudo, tos y saludos, quédese en casa, evite lugares aglomerados, no compre cosas como idiota y ¡NO ENTRE EN HISTERIA COLECTIVA POR AMOR A GOKU!. Esperemos poder respirar con tranquilidad en un par de meses.
Gracias por leer. Un abrazo. Tashi.
