desde Golfito con sarcasmo.

medicentashi

Encontronazos con el positivismo

Yo soy una persona negativa por nacimiento. Aunque yo le llamo ser realista, mis allegados y familiares creen que soy negativa. Siempre ando viendo qué podría salir mal —más que todo para estar preparada— porque, you know, uno nunca sabe. No es que quiera dar lástima, y si un psicólogo lee esto probablemente me manda una referencia de una vez, pero con tanta mierda que una ha vivido, mejor anda con caites de plomo.

Con el tiempo he aprendido a buscarle el lado bueno a las cosas y a esperar lo mejor de las situaciones… para luego llevarme buenos pichazos, porque la vida no es siempre color de rosa. Pero bueno, así es la vida, ¿qué le vamos a hacer? Hay cosas tan buenas en este mundo, como la canción que estoy escuchando justo ahora, mientras escribo este párrafo. Les dejo el link por si quieren echarle un vistazo… No sé qué será, pero me hace sentir bien. Curioso, porque la canción tiene una connotación religiosa. Las ironías de la vida.

Volviendo al tema: entre mi ADN negativo y mi nuevo mantra de vida hay una lucha constante. Y eso me lleva al artículo de hoy: Encontronazos con el maldito positivismo. A veces quisiera que fuera un saco de boxeo para meterle un par de pichazos. ¡Ugh, mae! Se ha vuelto tan genérico que parece que ya no tenemos permiso de sentir que la vida se nos escapa de las manos.

¿Positivos o simplemente presionados?

Especialmente en estos tiempos, siento que se ha vuelto una obligación estar bien y sentirse positivo todo el tiempo. Como si ese fuera el único estado válido del ser humano. Y entonces, aunque uno esté comiendo mierda, tiene las redes sociales inundadas de mensajes positivos.

Ojo, no digo que eso esté mal. Entre tanta mierda es bueno saber que en algún momento va a salir el sol, que eventualmente todo estará bien. Pero mae, creo que tiene que haber un balance. Porque mantener la esperanza es una cosa, y ser ridículamente positivos es otra. Serlo todo el tiempo no nos deja ver la vida como realmente es. Y cuando le damos la espalda a la realidad… ¿saben qué pasa? Exacto. Cuando finalmente llega, nos cae como si nos tiraran desde la Burj Khalifa.

¿Se lo pueden imaginar? Como estábamos en una nube de algodón, contando los pollitos antes de nacer, el choque emocional de no haber previsto lo que podía salir mal nos jode bastante. Lo sé. La realidad puede ser particularmente ruda.

Altura 828 m

Es cierto, una quiere que las cosas salgan bien siempre. Pero no pasa por arte de magia: hay que trabajarlo. Creer ciegamente que todo va a salir bien no nos deja espacio para un plan B cuando el A no funciona. Nos tapa los ojos ante las señales de alarma. Y entonces todo va a salir bien… hasta que no. Y no vimos venir el tren.

Nadie quiere andar por ahí diciendo que se lo está llevando el diablo. Y sí, las redes sociales existen para eso: para aparentar. Claro que yo también soy culpable de eso. Probablemente lo hago para dar la imagen de que soy una persona positiva, para transmitir un mensaje, para terapearme yo misma… o simplemente porque, aunque lucho contra eso todos los días, la corriente de querer encajar siempre me arrastra.

Mae… ¿será que sí nos creemos esas habladas de mierda?

Cuando el mensaje positivo no sirve para nada

¿Y si no hay lado positivo?

Porque seamos honestos: cuando la vara está fea, no hay mensaje positivo en este mundo que lo saque a uno del atolladero. Esa hablada de «todo va a estar bien», «no se preocupe», «no se estrese», «vea el lado positivo»…

¡MAE, NO HAY LADO POSITIVO! (Y no es el fin del mundo).

Entienda: ¡me siento como una mierda! ¡Déjeme ser! ¿Usted cree que si una pudiera sentirse bien nada más porque sí, no lo haría?

Grabémonos esta frase:
👉 Está bien no estar bien.

Normalicemos el estar hecho p*cha.

Está bien no estar bien

Está bien sentirse como una mierda. Está bien sentir que no hay salida. Está bien llorar. Está bien sentir pánico. Está bien sentir que perdimos el control y que nos está llevando puta. No tenés por qué ser perfecta, ni tener cada aspecto de la vida bajo control. La vida a veces es una mierda. Y eso está bien.

Cualquiera que sea la situación difícil por la que estemos pasando, la realidad es que puede tomar semanas, meses o incluso años para volver a sentirnos bien. Y en ese proceso, el positivismo puede ir a ver dónde se mete, porque simplemente no cabe. No es el momento. En esos momentos, lo que se necesita es realidad: para enfrentar lo que pasa, reconocerlo, aceptarlo y —eventualmente— superarlo.

Porque, aunque suene cliché, la buena noticia es:
👉 Esto también pasará.

Tarde o temprano el mierdero se termina, ya sea porque llega algo bueno o porque se viene otra mierda nueva, ja ja. Pero como sea, las cosas cambian, mae. Lo malo pasa. Pero hay que estar despiertos. Positivos, sí… pero sin perder el norte.

Y vean qué irónico: terminé escribiendo un post positivo con la negatividad a flote. Así de curiosa es la vida.

Así que sí, yo me permito tener de vez en cuando encontronazos con el positivismo.
¿Y usted?

Because let’s face it: shit happens, and that’s okay.

PD: Les dejo esta imagen que resume todo lo que quiero dejarles en la mente hoy:

Gracias por leer. Un abrazo, Tashi.