Hace un par de años conversaba con un amigo sobre cómo la mayoría de la gente de nuestra generación ya está casada, con tres divorcios encima, hijos, un par de hipotecas, trabajos insoportables pero bien pagados, y toda esa vara que se supone deberían tener los adultos de nuestra edad.
Y por otro lado, nosotros: pues nada, todavía viendo qué p*tas hacemos con la vida.
Han habido muchos momentos en los que me he preguntado:
¿Estoy haciendo lo que se supone que una adulta de mi edad debería estar haciendo?
Okay, pero… ¿qué se supone que una adulta de mi edad debería estar haciendo?
(Sí, me quedó un trabalenguas ahí).
Es curioso cómo, en múltiples ocasiones, me repito a mí misma: “todavía hay tiempo”.
Pero luego me detengo a pensar y mae… la realidad es que no, ya no tengo 25. Los años pasan volando, y entonces me pregunto:
¿Para cuándo, mae? ¿Para cuándo?
Pero… ¿para cuándo qué?
Ahí es cuando me doy cuenta de que, sin quererlo, estoy dejando que todos esos estereotipos con los que lucho día a día me jueguen una mala pasada. Me cuesta. Lucho contra todas esas construcciones sociales que tanto he intentado desarraigar, pero de pronto todas saltan, van, vienen, se asoman…
¡y me asfixian!
Creo que sí, voy por el camino contrario.
Y honestamente, me gusta.
Aunque no es fácil. Porque p*ta, mae, luchar contra lo que la sociedad espera de uno es diario.
No es sencillo explicar por qué no quiero tener hijos.
No es fácil decir por qué no estoy casada.
Tampoco ha sido fácil convencerme de que no, no fui a la universidad, pero eso no determina mi valor como persona.
A veces las miradas cuando digo que no quiero pasar mi vida pagando una hipoteca me taladran la cabeza.
Y así podría seguir con esta lista de cosas que se supone debería estar haciendo, pero no hago, aunque ya soy “adulta”.
Mae, y si usted quiere todas esas cosas que dicta la sociedad, está bien. Si le hacen feliz, está bien.
Pero si no es feliz… ¿qué p*tas está haciendo ahí?
Hasta hace un par de años yo era la típica mujer que quería casarse y tener una familia. Y por familia, me refiero a la versión tradicional: mamá, papá, hijos.
Como ya he mencionado en otros textos, toda mi vida la planeé en torno a ser la esposa de alguien.
Hace unos años, hasta me topé con una revista guardada en una caja: edición especial de NOVIAS.
“Todo lo que necesita saber para que su boda sea perfecta.”
Y no tiene nada de malo.
Lo malo era que yo lo quería por las razones equivocadas.
No me sentía cómoda con esa idea, pero el círculo social en el que me movía así lo dictaba: si no me casaba, no sería feliz.
Pero esas cosas no llegaban, y yo solo me repetía: “naah, todavía hay tiempo, no pasa nada”.
El tiempo pasó, como agua entre las manos.
Y conforme acumulaba años, la presión aumentaba: tener hijos, esposo, casa, estabilidad…
Yo sentía que hasta que no cumpliera con eso, no sería una mujer completa.
Y al mismo tiempo, me sentía culpable, porque en el fondo no quería casarme. Mucho menos tener hijos.
Pero, mae… la sociedad dice que eso es lo que nos hace “mujeres de verdad”, así que… póngase mamita.
Curiosamente, esas cosas nunca llegaron…
En esa misma conversación con mi amigo, llegamos a una conclusión:
No cambiaríamos nada de nuestras vidas.
Bueno, tal vez sí, un par de decisiones tomadas con más sabiduría.
Pero al final, el camino que tomamos es el que nos trajo hasta aquí. Y somos felices.
Bueno, casi siempre.
Así que vale verga si nuestras vidas no encajan en lo que dicta la sociedad.
Vale verga si aún no decidimos qué plan seguir.
Vale verga si seguimos cambiando.
El cambio es bueno. El cambio es normal.
Lo que hoy parece buena idea, mañana tal vez no.
Y eso está bien.
No tenga miedo de ir por el camino contrario si eso lo hace feliz.
Y recuerde algo importante:
Uno no debe vivir según los estándares de otras personas.
Ni siquiera según los propios.
Porque esos cambian.
Y ¡qué dicha que cambian!
Si la vida que está viviendo hoy no le alcanza…
Si hay una espinita diciéndole que algo falta…
Go fckng for it, mae.

Un abrazo gente, si llegó hasta aquí gracias por leer, vamos por un café.
Nat.


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