Eso me dijo mi querida psicóloga en algún momento de nuestra terapia. Y yo, que había pasado los últimos 10 años de mi vida creyendo que al que no había que prestarle atención era al corazón—porque ese mae sí que puede ser traicionero, volátil e impulsivo—me encontré de pronto con la idea de que la verdadera traicionera, la que me tenía jodida, era mi mente. Mi querida y desquiciada mente.
Se podrán imaginar ustedes el despichito que me andaba yo en la vida, escuchando con devoción a una mente ansiosa, creyéndole cada palabra como si fuera la voz de la razón… y no solo eso: viviendo según las cosas que esta mae me repetía día y noche.
Así que cuando la doc me suelta la bomba:
«No le creas todo lo que te dice tu mente, porque la mente es una hp», yo me quedo así como:
WTF!?

¿O sea que me estás diciendo que he vivido en la mierda por mi propia culpa?
Pos si, mae.
Maes, yo sé que muchos de ustedes no creen en los psicólogos y todo bien, cada quien con su tema. Pero los que sí, y han ido a terapia, no me dejan mentir: hay varas que, cuando te las dicen, te vuelan la jupa. A veces uno sale hecho picha de ahí. Pero también es como un despertar, un sacudón necesario.
Si ustedes, al igual que yo, están un poquito traumatizados… atormentados, ansiosos, con un montón de cosas sin resolver, entenderán esto:
la mente NO SE CALLA NUNCA.
Está como un radiecito encendido 24/7, hablándonos de todo, opinando de todo, juzgando TODO. Y muchas veces, más que ayudarnos, lo que hace es jodernos.
Ahora, tampoco se trata de apagarla, porque no se puede o si se puede, pero no deberíamos. Lo que sí podemos hacer es aprender a filtrar. A cuestionar lo que nos dice. A no creernos todo lo que pensamos, porque muchas veces esa voz interna no es la sabiduría… es el trauma hablando, es la ansiedad gritando, es el miedo disfrazado de lógica.
Y esto no se cambia de la noche a la mañana, no mae. Esto implica hacer un overhauling de nuestro estado mental, ir a terapia, si se pudiera, y revisar con lupa de dónde vienen esas ideas que nos repetimos como disco rayado:
“No soy suficiente.”
“Nadie me quiere.”
“Siempre arruino todo.”
“Nunca voy a lograrlo.” Etc, etc, etc.
¿De dónde vienen esas ideas? ¿Quién nos las enseñó? ¿Por qué las repetimos sin filtro?
Ya que la mente no genera pensamientos en el vacío; no mae, lo que nos decimos tiene que ver con nuestra crianza, la sociedad, nuestras experiencias, percepciones sensoriales, cultura, la gente que nos rodea, cómo nos percibimos y un largo etcétera.
Entonces, ¿qué hacemos para que ese radiecito mental nos diga cosas más buenas, más compasivas, más útiles?
Aquí les dejo algunas varas que aprendí en terapia y que me han ayudado un montón:
- Identificar la voz del trauma.
Aprender a reconocer cuándo lo que pienso viene de una herida no sanada. A veces me sorprendo diciéndome cosas súper crueles, más veces de las que quisiera aceptar. Y ahí es cuando debemos preguntarnos: ¿esto lo diría yo si hablara desde el amor? ¿O esto viene desde el abandono, desde la inseguridad, desde una versión de mí que solo sabía sobrevivir? - Practicar el pensamiento crítico… con uno mismo.
Mae, a la mente hay que interrogarla como si fuera un testigo en un juicio. Primero, debemos identificar el pensamiento, ¿qué me estoy diciendo? De una, etiquételo. Y ahora sí empiece a cuestionar: ¿Eso que me estoy diciendo es verdad? ¿Tengo pruebas? ¿Es útil pensar así? ¿Me lo diría un amigo? ¿Se lo diría yo a alguien que amo? Algo que nos puede ayudar muchísimo es el mindfulness, porque nos ayuda a distinguir entre lo que estamos pensando y lo que realmente está pasando. - Meterle contenido bueno al radiecito.
Porque también se trata de reeducarlo. Leer cosas nutritivas, rodearse de gente que no nos haga sentir una mierda, hablarnos como le hablaríamos a alguien que está aprendiendo a caminar de nuevo. La mente aprende de lo que repetimos. Así que, aunque al principio se sienta un toque falso, hay que practicar la amabilidad con uno mismo. - No irse en la ola.
Si estoy teniendo un día de pensamientos intrusivos, no significa que hoy se acabó el mundo, aunque Miss Drama sienta que sí. Aprender a decir: “ok, hoy estoy teniendo pensamientos negativos, pero eso no define quién soy ni cómo va a terminar mi historia”. O alguna frase así positiva, que le motive a ver que es solo un mal día; a veces son varios días, pero no tiene por qué ser así el resto de la eternidad, ¿me explico? Porque todo pasa, incluso los pensamientos más oscuros.
Así que, mi querida gente trastornada: sí, la mente puede ser una hija de p*ta… pero no es nuestro enemigo. Podríamos decir que es como un perro que nadie educó bien: ladra, muerde, destruye… pero no porque sea malo, sino porque nadie le enseñó otra cosa. Necesita guía, paciencia y límites nuevos. No hay que golpearlo ni ignorarlo. Hay que entrenarlo con paciencia y firmeza.
De igual manera con la mente: no hay que callarla, hay que educarla.
Y eso, mi gente, también es un acto de amor propio.
Gracias por leer. Un abrazo. Tashi.


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