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Piropos = ACOSO SE*UAL: ¡Sí, es para tanto!

⚠️ Advertencia: Este artículo es largo y va sin filtro. Pero si sos de los que siempre dicen “no todos los hombres”, tal vez necesitás leerlo más que nadie. Gracias por leer con el corazón abierto y la mente despierta.

Un día, caminando de regreso a mi casa desde la pulpería, con una docena de huevos en la mano, un mae en bici —unos 22 años— me gritó:
“Diay muchacha, ¡siempre con los huevos en la mano!”
Yo tenía 12.

No entendí en ese momento. Pero 25 años después, la sonrisa asquerosa con la que lo dijo todavía me persigue. Y después de tantos episodios similares, por supuesto que lo entendí.

Pero esa no fue la primera vez.
Tres años antes, en la fiesta de cumpleaños de una amiga, su papá cruzó una línea que yo no supe nombrar hasta años después… acoso se*ual.

Creo que esta es la primera vez que lo comparto así, tan abiertamente. Y aunque ha pasado tiempo, todavía hay emociones que no sé explicar. Porque la mente bloquea, pero el cuerpo no olvida.

Es increíble cómo se ha normalizado la violencia sexual, sobre todo la que se disfraza de “piropos” o «halagos». Muchos todavía lo ven como algo “inofensivo”, como parte del arte de ligar. Pero eso no es ligar. Es acoso. La sociedad lo ha reducido a un chiste, a una broma entre compas, a algo que las mujeres deberíamos agradecer porque “alguien nos está echando flores”.

Lo peor es que muchas veces ni siquiera se nota que es acoso, porque lo tenemos tan internalizado que lo ignoramos o hasta lo justificamos.
Y, cuando alguien se atreve a alzar la voz, viene el clásico:

“Uy, qué exagerada.”
“¿Y ahora qué dije?”
“No todo es acoso, relájese.”

Pues no mae, no me relajo. Porque el problema está en la raíz de nuestra cultura. Y no, no es que ahora no se pueda decir nada. Es que ya no estamos dispuestas a aguantar todo.

Hablando explícitamente del acoso callejero. Hay quienes dicen cosas como:

“Si el mae es guapo y tiene plata, es un piropo.
Si es feo y pobre, es acoso.”

No, mae. Acoso es acoso.
No importa si usted se parece a Maluma o a un tronco.
Si hace sentir incómoda a una persona, la está acosando. Punto.

Y para que le quede más claro y no se haga el idiota, aquí le hago una lista de las principales formas de acoso, desde las más simples e «inofensivas» hasta las más asquerosas:

  1. Silbidos, pitos, jadeos, ruidos raros.
  2. Gestos obscenos.
  3. Comentarios sexuales directos o disfrazados.
  4. Fotos o videos no consentidos con intención sexual.
  5. Tocamientos (“manoseos”, “punteos”).
  6. Perseguir o arrinconar.
  7. Masturbarse en público, con o sin eyaculación.
  8. Entre otras.

¡Las excusas ya cansan! ¿De verdad creen que el acoso callejero se justifica con excusas como estas?:

•“¿Y entonces cómo me voy a acercar a una mujer?”

•“¿Para qué se visten así si no quieren que les digan cosas?”

•“A las mujeres les encanta llamar la atención y que les digan piropos.”

Vamos a ser claros: mae si vos no sabes cómo acercarte a alguien sin ser un completo idiota, mejor quédate callado. No sabes cómo tratar a una persona con respeto, menos vas a saber mantener una relación sana.

Y lo de que las mujeres se visten para “invitar” comentarios… por favor, ¿de verdad creen que una mujer piensa: “Hoy me pongo este vestido para que me digan lo rica que estoy”? ¡Dejen de justificar su mal comportamiento! La ropa no es una invitación a que te lancen comentarios obscenos, piropos no solicitados o, peor aún, acoso.

Sí, hay un porcentaje muy pequeño de mujeres que reciben esos comentarios con agrado, pero no porque les guste el acoso, sino porque inconscientemente están tratando de llenar carencias de afecto. Así lo explica la psicóloga clínica Ana Yendry Morales, quien dice que esas miradas y palabras les sirven para sentirse vistas y reconocidas, no para justificar la conducta machista.

El problema no es de ellas, es de ustedes y de esta sociedad que permite que todo esto sea “normal”.

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A las personas comunes y silvestres probablemente les guste recibir cumplidos, pero adivinen qué:

¡Solo con consentimiento!

Si una mujer no le ha dado pie para decirle algo con connotación sexual, ¡no lo haga! Y esto no aplica solo en la calle: aplica en redes sociales, mensajes, correos, en cualquier lugar. A ninguna mujer en su sano juicio le gusta recibir fotos de genitales no solicitadas o “piropos” disfrazados de cortesía.

Y sí, aunque usted crea que su comentario es “respetuoso”, si la otra persona no lo pidió y se siente incómoda, es acoso. Nadie quiere ver su p€n€, mae por favor. A menos que una mujer se lo pida explícitamente —y esto lo dudo— no lo envíe ni lo muestre. Si tanto amor le tiene, celébrelo usted solito.

Su opinión sobre el cuerpo, la ropa, la boca o las nalgas de una mujer, guárdesela. Sobre todo si nadie se la ha pedido.

No es posible que tengamos que andar con miedo. Que caminar solas sea una amenaza latente. Que ver un grupo de hombres en una esquina nos acelere el corazón, nos haga sudar y nos ponga a pensar en modos de defensa. Así no se puede vivir.

Algunos siguen diciendo: “Es que ya no se le puede decir nada a las mujeres, porque todo es acoso.” Pues no, señor: si usted no puede elogiar el trabajo, la inteligencia o la personalidad de una mujer sin sexualizarla, entonces su opinión no solo está de más, sino que se la puede meter donde no le da el sol.

Y no venga con el típico “no todos los hombres somos así”. Ya lo sabemos. No es necesario aclararlo. Pero si este texto le incomoda, si siente la necesidad de defenderse, quizás le haya tocado una fibra… y si es así, revísese. Busque ayuda. Hable. Desaprenda. Haga algo útil.

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¿Y si me permites caminar tranquila?

No escribo esto para victimizarme. Escribo para alzar la voz, porque 25 años después, aún tengo que soportar idioteces de hombres con el cerebro podrido por una cultura que los aplaude. Porque sigo escuchando excusas baratas. Porque estoy harta de que cuando una mujer rechaza un “piropo” o simplemente no agradece un comentario, la respuesta sea: “¡Ni que estuviera tan rica, vieja juega de viva!”

Tampoco se trata de que nadie pueda decir nada nunca. Se trata de respeto. Se trata de consentimiento. De entender que no todo el mundo quiere su opinión sobre su cuerpo, y mucho menos si va cargada de morbo. ¿Querés halagar? Hacelo desde la empatía, no desde la lujuria.

Y sí, los hombres también pueden ser víctimas de acoso. No lo negamos. Pero eso no invalida la experiencia diaria, persistente y abrumadora que vivimos las mujeres. El cambio no se trata de competir por quién sufre más, sino de romper un patrón de abuso y silencio que lleva demasiado tiempo normalizado.

Hagamos la diferencia. De verdad. No desde el miedo a ser “funado”, sino desde el deseo genuino de convivir en una sociedad más justa.

Queremos caminar tranquilas. Queremos vestirnos sin culpa. Queremos dejar de pensar estrategias de defensa para llegar del trabajo a casa. Queremos vivir sin miedo. ¿Tan difícil es de entender?

No queremos más excusas. Queremos respeto.

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¡No quiero tu piropo!

Un abrazo. Tashi.

Respuesta

  1. Avatar de Historias de taxis: “si no anduvieran enseñando nadie les diría nada” – Me dicen Tashi

    […] Cómo lo expresé en uno de mis artículos anteriores, acá les dejo el link, por si quieren leerlo o, volver a leerlo: https://medicentashi.wordpress.com/2018/10/24/piropos-acoso-sexual-si-es-para-tanto/ […]

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