Maes, ¿cuántas veces en nuestra vida habremos reproducido esa hablada de mierda? Yo creo que muchísimas; no las he contado, pero estoy segura de que han sido muchas. Porque, aunque la mayoría de las veces hemos sido las víctimas, la realidad es que en muchas ocasiones hemos sido nosotros los que nos hemos valido de esa vaga excusa.
¿Cuántas veces en la vida usted ha sentido que dijo algo que no debía y para salir del paso, reprodujo la frase genérica: «fue sin mala intención»?
Maes que rajado la cantidad de veces que nos excusamos de esa forma, porque, como dije, aunque hemos sido víctimas en muchas ocasiones, más de las que quisiéramos aceptar, hemos sido los que han salido con ese domingo siete, y, para liberarnos de la culpa de haber herido a alguien, simplemente decimos que fue sin mala intención, como si eso fuera suficiente.
En una era donde la libre expresión se ha vuelto una fucking excusa para decir cuánta mierda se nos pasa por la cabeza, ser seres empáticos y considerados, emocionales y sentimentales, se considera una cosa rara, una muestra de debilidad y entonces la libre expresión se vuelve un arma de dos filos con la cual se puede herir a las personas, o no, un arma, una excusa en la que nos escudamos para decir cuanta cosa queremos, justificando nuestra falta de todo.

LA RAÍZ
Yo creo que normalizar ciertas conductas es lo que nos ha llevado por ese camino; ciertos grados de violencia, el acoso callejero, el abuso sexual, el acoso escolar, solo por mencionar algunos, se han normalizado a tal grado que si alguien se siente ofendido, herido o violentado hasta cierto punto por cualquier actitud de otros, se le considera un debilucho.
En las escuelas siempre ha existido ese tipo de violencia: acosos y abusos, pero solemos justificarlo con la idea que ahora a los niños y adolescentes no se les puede decir nada, que se han vuelto débiles, unos hijos de papi y mami, solo porque han sido las generaciones que han empezado a alzar la voz en contra de la violencia, el acoso y los abusos de cualquier índole.
¿Usted se acuerda por ejemplo, que le decía su mamá o su papá si alguien lo lastimaba en la escuela o en el colegio? ¿Acaso no era esa frase que dice: si usted viene aquí golpeado yo lo fajeo para que aprenda a defenderse?
Ahora que vemos las cosas de otro modo, ¿considera usted que esa era la mejor forma de resolver los conflictos? No le estoy haciendo reclamos a los padres, a mis padres; eso fue lo que ellos aprendieron, y lo que aprendieron sus padres y los padres de sus padres. Por consiguiente, ha sido un círculo vicioso que nos ha llevado a donde estamos, pero siempre existe la posibilidad de ser ese punto de quiebre, que tal vez nuestros padres y abuelos no tuvieron la oportunidad de ser, y empezar a motivar a las personas a cambiar.
¿Ha notado usted cuales son los comentarios de los adultos en respuesta al acoso escolar?
En mis tiempos de escuela no existía esa mierda del bullying, alguien nos hacía algo, y a la salida nada más nos volábamos de pichazos. Exclamó el macho alfa. -Comentario tomado de redes sociales-

Entonces, pues claro así hemos ido por la vida, generando más violencia; lo peor de todo, violencia solapada, disfrazada de bromas inocentes. Antes de que se burlen de mí, yo me burlo de los demás; no pensamos antes de hablar, no importa cómo digamos las cosas, hay que decir siempre lo que pensamos; si los demás se ofenden, pues eso es problema de ellos, por ser frágiles, delicados, unas niñitas, unos playos.
Maes, una cosa es ese tipo de bromas que entre hermanos nos hacemos, ese tipo de «bullying» que entre amigos aguantamos, y otra cosa muy diferente son las palabras y bromas que exceden los límites. Hay cosas con las que uno simple y sencillamente no se mete, ¿qué tan hijueputa puede ser uno para tomar como una razón para hacer bromas las inseguridades de los demás? Para luego decir: «ay no, fue sin mala intención«, y sí, mae, probablemente usted jamás quiso herir a alguien, pero la vara es que sí lo hizo, entonces ¿no sería mejor tener cuidado con las cosas que decimos?
Mae piense por un momento en su mayor inseguridad, en su mayor miedo, en eso que le molesta más de usted. Ahora imagine que algunas personas, sin importar cómo se sienta usted al respecto, lo tomen como base para hacer burlas, comentarios chistosos y bromas, pero, sin mala intención…
¿Cómo se siente eso? Del orto, ¿verdad?

Para nuestra desgracia este tipo de actitudes han afectado nuestros círculos más cercanos, nuestro grupo de amigos, con los que se supone nos sentimos seguros. Hay «amigos» que cuando tienen la más mínima oportunidad de hacernos daño con sus comentarios no lo piensan dos veces para mandar el golpe.
Mae revise su lista de amigos y mande pa’ la mierda a ese poco de descerebrados, bueno si encuentra alguno así entre su lista. La hablada hedionda es que como son nuestros amigos ellos solo «nos dicen la verdad», pasando por alto el daño real que están haciendo con sus palabras, y lo peor es que cuando uno les dice que se están pasando, salen con la hablada de mierda: «ay no, fue sin mala intención», y luego agregan otras un tanto más estúpidas: «ay es que yo soy muy directo (a)» o, «es solo mi opinión», «te lo digo porque te aprecio y los amigos se dicen la verdad en la cara». ¡Si huevón!
¡No mae! Usted lo que es, ¡es un imbécil, sin tacto ni empatía! Si uno realmente aprecia a alguien, sí, le dice las cosas en la cara, pero busca la mejor manera de decirlas, déjese de esa hablada de mierda de que usted es directo, o que solo dice lo que piensa, usted simplemente es imbécil y listo.
Ya para terminar con la hablada de hoy, sí, mae, todos tenemos derecho a expresarnos; no es que mi opinión sí valga y la suya sea odio e intolerancia. No es el hecho de que ahora no se pueda decir nada porque todo el mundo se ofende; el hecho es que ahora hemos adoptado una forma realmente miserable de decir las cosas, y por eso la gente se ofende.
Por eso herimos a las personas y nuestras opiniones se han vuelto realmente crueles. Aprendamos a comunicarnos de una forma asertiva, sin necesidad de herir a los demás; dejemos esas malas costumbres de andar burlándonos todo el tiempo de las personas, de cuestionar sus realidades. Puta, mae, recuerde: cada cabeza es un mundo; su realidad no se acerca en lo más mínimo a la mía. Jamás podremos saber lo que piensan los demás. Aprendamos a cultivar la empatía y ponernos en los pies de los demás.
Antes de abrir la jeta con alguna estupidez, piense: ¿cómo me sentiría yo si alguien me hiciera ese mismo comentario? Si cree que no se sentiría mal, ¡medíquese, mae!

Les deseo mucha paz y que aprendamos a decir las cosas, para no tener que recurrir al recurso: «¡ay no, pero fue sin mala intención!»
Un abrazo, gente. Tashi.

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