Ustedes saben que a veces cuando a uno le preguntan ¿cómo está? Por lo general, uno miente, miente porque tal vez la persona que preguntó no es tan cercana a nosotros, uno miente porque a veces, aunque la persona es cercana, tal vez no tenemos tiempo para extendernos, uno miente porque simplemente no puede poner en palabras lo que realmente siente, o, a lo mejor no quiere ahondar en esos sentimientos, y entonces vamos en modo automático por la vida diciendo: estoy bien, pura vida.
Mae, es que ni siquiera nos detenemos por un segundo a pensar en la respuesta que queremos dar, no analizamos ¿cómo realmente estoy? ¿qué verdaderamente está pasando? Y pues bueno, puede que muchas veces sí estemos bien y eso es genial, pero ¿y las veces en las que no estamos bien?
Ahora, creo que uno responde por inercia «estoy bien», también por otra razón, por el miedo a ser juzgado, a ser cuestionado por sus emociones, y si usted llora en público mientras cuenta lo que le está afligiendo, uff, qué pólada, qué ridículo, y lamentablemente si usted es una persona que se identifica con el género masculino, es aún peor. ¿Por qué?
Qué carga tan pesada no poder expresarnos y tener que reprimir todo siempre.
Quizás me puse a pensar en esto porque he estado desregulada emocionalmente desde hace unas semanas, y yo solo he hecho mil esfuerzos para ignorar esa realidad, para decirme a mí misma: «mi misma, estamos bien», entonces ya no solo es la respuesta automática para las otras personas, es el mensaje automático que me estoy dando a mí misma: «estoy bien, todo está bajo control» y, por supuesto, no podría estar más lejos de la realidad.
Mis terapeutas del grupo de habilidades y Graciela estarían jalándome las orejas en este momento, jaja, no, en realidad estarían recordándome que está bien sentir, que está bien llorar, que no tiene nada de malo tener emociones, cualquiera que sea, y que, dependiendo del contexto en el que nos encontremos, es de lo más natural sentir emociones que nos afligen.
Por eso, a mí lo que realmente me gustaría decir en días como hoy, sin ser juzgada, ni etiquetada de dramática, es: no estoy bien, necesito un abrazo, quiero hacerme un puñito en mi cama y llorar, tengo un hueco en el estómago que no se llena con comida, y una tristeza que parece va a durar un siglo, que creo que la vida es una mierda a veces, que ser adulto apesta, porque tomar decisiones que no solo afectan mi vida es difícil, que a veces también tengo miedo, y me siento perdida. Pero, que en algún rincón de mi mente y corazón sé que esto también pasará. Y que está bien no estar bien.
Mae, permítase ser vulnerable.
Me despido deseando ser una persona que inspire confianza a otras personas, un lugar seguro por si necesitan ser escuchadas y decir lo que realmente les gustaría expresar y no solamente: «estoy bien».
Gracias a quienes han sido un lugar seguro para mí y no han juzgado ninguno de mis procesos.
Un abrazo, gente. Tashi.


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